elproblema
EL PROBLEMA DE LA DETERMINACIÓN DE LA LONGITUD EN EL MAR
La determinación de la latitud en el hemisferio norte no ha tenido nunca especial dificultad para los geógrafos o marinos, que desde antiguo han aprovechado la circunstancia de que la Estrella Polar se encuentra justo encima de ese Polo para calcular la posición referida a esa coordenada.
No ha sido igual de sencilla sin embargo la determinación de la longitud, asunto que los geógrafos medievales consideraban "el límite puesto por Dios a la Inteligencia de los hombres".
La posición del buque, en lo que a longitud se refiere, se resolvió durante siglos mediante la "estima", que básicamente consiste en medir periódicamente la velocidad del barco y multiplicar cada velocidad por el tiempo que se ha mantenido ésta a deter minado rumbo. El tiempo se medía con relojes de arena, tam bién conocidos como “ampolletas náuticas".
Como se puede imaginar los errores que este rudimentario método acumulaba llegaban a ser enormes. Eugenio de Salazar en 1573 refiere en una joco sa carta cómo se preguntaban los pilotos de los buques que navegaban en conserva (unos cerca de otros} las posiciones que cada uno había calculado, y escribe: "¿Cuántos grados ha tomado vuestra merced?

Ampolleta náutica o Reloj de arena
Esta falta de precisión, que había costado múltiples pérdidas de vidas humanas y de barcos, empezó a ser acuciante y a con vertirse en un asunto de estado a consecuencia del Tratado de Tordesillas, firmado en 1494 entre Isabel y Fernando -reyes de Castilla y Aragón- y Juan 11 -rey de Portugal- que fijaba la línea di visoria de los territorios hispanos y lusos en el meridiano situado a 370 leguas al oeste de Cabo Verde.
En 1495 fue Jaime Ferrer el primero en plantear a los Reyes ca tólicos un método para resolver el problema. Tras el vinieron muchos astrónomos, cosmógrafos, marinos y matemáticos que aportaron diferentes soluciones: Sebastián Caboto, Andrés San martín (cosmógrafo de la expedición de Magallanes), Sarmiento de Gamboa, Andrés de Poza, Alonso de Santa Cruz, etc.
En 1598 -reinando Felipe 111- se convocó un concurso dotado con seis mil ducados de renta perpetua más otros dos mil de ayuda para el que fuera capaz de descubrir un modo eficaz de determinar la longitud.

Planisferio de Cantino de 1502, que muestra el meridiano designado en el Tratado de Tordesillas
Entre 1612 y 1632 el astrónomo renacentista Galileo Galilei presentó propuestas en cuatro ocasiones, una de ellas utilizando un sistema basado en la observación de los eclipses de los satélites de Júpiter utilizando un reciente invento suyo que había sido presentado el 21de agosto de 1609 en la torre del "campanile" de la iglesia de San Marco de Venecia: el telescopio.
Con este instrumento había observado y estudiado las cuatro lunas que orbitan en torno a este planeta y había tabulado sus órbitas, calculando muy precisamente el momento en que cada una de ellas se ocultaba tras la sombra del planeta. Resultaban unos mil ocultamientos al año. En su libro "Sidereus nuncis" recoge Galileo el descubrimiento de estos cuatro satélites que en un principio él denomina "Planetas Mediceos" y que hoy conocemos como "satélites galileanos": Io, Europa, Calisto y Ganímedes.

Galileo enseñando al dux de Venecia el uso del telescopio.
Fresco de Giuseppe Bertini.
El sabio italiano además del completo desarrollo de estas teorías también diseñó y construyó el "celatone", una especie de casco provisto de un pequeño telescopio en uno de los orificios oculares. El piloto que utilizase su invento debía mirar a Júpiter con el ojo libre y con el del telescopio observaría los satélites y sus ocultamientos.
Como se puede imaginar esta propuesta, aunque funcionaba, resultaba sumamente incómoda y difícil de utilizar en la cubierta de un barco en movimiento, además de no ser operativa durante el día ni tampoco durante la noche en momentos de cielo cubierto, por lo que fue rechazada. Tras el concurso convocado por España también Holanda, Inglaterra y Francia convocaron concursos similares.
Por múltiples motivos cada vez se hacía más acuciante la nece sidad de encontrar una solución a este problema. Un punto de inflexión estuvo en el funesto hecho acaecido el 22 de octubre de 1707 frente a las Islas Sorlingas (al suroeste de Gran Bretaña) cuando cuatro barcos de una flota inglesa al mando del almiran te Cloudsley Shovell que volvían de Gibraltar, naufragaron en esas peligrosas aguas, lo que provocó la pérdida de unas 2.000 vidas, entre ellas la del propio almirante.
Cuenta la leyenda que éste había mandado ahorcar en una verga a un oficial que había discutido la posición por él estimada poco antes de que los buques encallaran.
Con estos antecedentes el 8 de junio de 1714, durante el man dato de la reina Ana, el Ministro de Marina inglés promulgó el "Decreto de la Longitud", que estableció un premio de 20.000 libras al método que determinase ésta con una precisión de medio grado, otro de 15.000 libras al que la determinase con una precisión de dos tercios de grado y otro de 10.000 libras al que la determinase con una precisión de un grado.
También se estableció un Jurado denominado "Consejo de la Lon gitud" que estaba compuesto por científicos, oficiales de marina y funcionarios del gobierno, que tenía competencia absoluta sobre la concesión de los premios. Entre estos miembros del jurado se encontraban el director del Real Observatorio Británico, el presidente de la Royal Society, el Ministro de Marina, el Presidente de la Cámara de los Comunes, el delegado del Ejército y diversos catedráticos de matemáticas de las universidades de Oxford y Cambridge.
En 1713 el inglés John Harrison construyó su primer reloj de péndulo, que perfeccionó en 1735 ya como cronómetro marino, pero solo fue en 1764 -cuarenta años después de convocado- cuando ganó el premio del parlamento inglés, que por cierto tardó en cobrar por completo más de diez años, y para lo que tuvo que intervenir el propio rey de Inglaterra.

John Harrison

Cronómetro marino que estuvo a bordo del "Beagle" en su segundo viaje de investigación al rededor del mundo entre los años 1821 y 1826. Iba a bordo el científico Charles Darwing.
Disponiendo a bordo de un reloj que marque la hora del paso del sol por un meridiano de referencia, y sabiendo que la tierra tarda 24 horas en dar un giro de 360 grados sobre si misma (es decir 15 grados cada hora) el navegante puede calcular mediante un sencillo cálculo matemático -y una vez observado el paso del sol por el meridiano del lugar en el que navega, observación ésta que se conoce precisamente con el nombre de “meridiana"'- la distancia en tiempo, y por lo tanto en grados que le separa del citado meridiano de referencia.

Carta esférica levantada por Cosme Damián Churruca en 1794 y referenciada al meridiano de Cádiz

Carta esférica de la costa de Brasil de 1830 referenciada al Observatorio de Cádiz
.
