introduccion
LA CIUDAD MÁS ANTIGUA DE OCCIDENTE
Cádiz, la ciudad más antigua de occidente, fundada por navegantes fenicios hace aproximadamente 3.000 años, ha sido a lo largo de los siglos escenario de excepcionales hechos históricos en los que siempre tuvo que ver, en mayor o menor medida, su particular enclave geográfico.
Su ubicación en una península, completamente rodeada de mar salvo por un fino istmo de arena, su enclave en el extremo de una abrigada bahía, la cercanía al estrecho de Gibraltar y al mar Mediterráneo o la bonanza de su clima han propiciado que la ciudad tenga desde la antigüedad una gran relación con el océano, que siempre estuvo presente en su historia, economía, industria, urbanismo o vocabulario, en definitiva en su cultura.
Es a partir del descubrimiento de América cuando comienza la época más apasionada de esta relación de la ciudad con el mar. El 25 de septiembre de 1493, un año después de su primer viaje, Cádiz vio zarpar al ya Almirante Cristóbal Colón al mando de una flota de 17 naves (la más grande de cuantas capitaneó hacia las Indias) en su segundo viaje americano. De nuevo el 9 de mayo de 1502 lo despidió en su cuarto y último periplo.
Ya por entonces contaba la ciudad con una afamada 1'escue la náutica", el Colegio de Pilotos Vizcaínos de Cádiz, institución gremial de corte medieval que desde aproximadamente 1477 impartía enseñanzas de navegación y mantenía la exclusividad de proporcionar pilotos para las expediciones atlánticas que se estaban generalizando en la época, y cuyos puntos de partida eran habitualmente puertos ubicados entre la Bahía de Cádiz y el Cabo de Sagres en Portugal.
Este Colegio obtuvo el reconocimento de la corona el 18 de mar zo del año 1500 cuando los Reyes Católicos aprobaron sus Orde nanzas y se mantuvo en activo hasta 1583, cuando desapareció.
En 1717, impulsada por José Patiño, se creó en Cádiz la primera Academia de Guardias Marinas de la Armada, antecedente de la actual Escuela Naval Militar, situándose las casas donde vivían y daban clases los jóveneres marinos en las inmediaciones del Ayuntamiento. Posteriormente se trasladó al medieval Castillo de la Villa, situado sobre el antiguo teatro romano en el barrio del Pópulo. En 1769 la Escuela se trasladó a la vecina Isla de León, actual San Fernando.
El mismo destino siguió el primer Observatorio Astronómico de Marina que, instalado en un principio en la torre del homenaje del antes mencionado Castillo de la Villa, se trasladó en 1798 a un nuevo edificio construido ex profeso en el Pago de Torrealta, también en la Isla de León.
Durante casi todo el siglo XVIII, desde 1717 hasta 1790 -cuando se suprimió la institución- Cádiz fue sede de la Real Casa de Con tratación de Indias, organismo regulador del comercio y la navegación con los territorios españoles del otro lado del Atlántico. Esta situación de derecho ya era una situación de hecho desde muchos años antes: en 1519 ya había en Cádiz un visitador que supervisaba los barcos que no subían hasta Sevilla.
El siglo XVIII, conocido en nuestra historia como "siglo de oro del comercio gaditano", marcó el punto álgido de la economía de la ciudad, que pasó en ese periodo de 40.000 a 80.000 habi tantes para convertirse en la quinta más grande de España. Cádiz fue durante ese siglo una ciudad cosmopolita donde, al calor de los negocios, se hablaba de forma habitual en español, italiano, francés o inglés y donde las ideas de la ilustración calaban pode rosamente en la sociedad.
Del mismo modo la presencia de América en Cádiz era continua y muy visible en la forma de vestir, el habla, el folclore, las especies botánicas que adornaban los jardines: jacarandás, ficus, ombús ... prácticamente inéditas en el resto de la península. Encrucijada del mundo, la ciudad rebosaba vida y riquezas.
El 30 de julio de 1789, poco antes de suprimirse la Casa de Con tratación, los gaditanos vieron levar anclas a Alejandro Malaspina y José de Bustamante a bordo de las dos corbetas construidas en el Arsenal de la Carraca con las que se disponían a completar la mayor expedición científica de la Ilustración española.
Iban a bordo además de los oficiales -casi todos ellos formados con Vicente Toftño en la Academia de Guardias Marinas del Castillo de la Villa-, pilotos, contramaestres, artilleros y marinería, y tam bién numerosos botánicos, taxidermistas, naturalistas, cirujanos, dibujantes y pintores, que navegaron en un principio hacia Río de la Plata, para pasar luego por el Cabo de Hornos hacia el Pacífico. Tras recorrer Filipinas, Australia y Nuevas Zelanda regresaron el 21 de septiembre de 1794 a la misma ciudad que les vió partir.
El 19 de octubre de 1805 Cádiz despidió a la flota que el día 21 combatió en la feroz batalla de Trafalgar que, además de trastocar los planes de Napoleón para invadir Inglaterra, debilitó seriamente la moral y la flota española, lo que propició que cobraran fuerza los movimientos independentistas en las colonias americanas.
Solo unos años más tarde el mar y todas las fortificaciones que Cádiz poseía protegieron a los diputados reunidos en el Oratorio de San Felipe Neri para redactar la primera Constitución Española.
Cuando todo el territorio peninsular estaba ocupado por los ejércitos napoleónicos, la ciudad permanecía segura y abastecida (siempre vía marítima) mientras que los diputados españoles "de uno y otro hemisferio" redactaban un texto constitucional que, si bien tuvo corta vigencia, disfrutó de un gran contenido simbólico como bandera del liberalismo frente a las posiciones absolutistas.
Como estamos viendo, durante siglos el epicentro de la economía y de la riqueza de la ciudad no estuvo propiamente en Cádiz, sino en su Bahía, desde donde se derramaba hacia los municipios vecinos. la Isla de león, Puerto Real y El Puerto de Santa María tenían una enorme y fecunda relación con la capital en la que todos se beneficiaban de los recursos de las otras ciudades.
Ejemplo de esto ha sido la construcción naval: los principales astilleros gaditanos nunca estuvieron en la ciudad, sino en sus municipios vecinos. Aún así, fue un astillero de la capital, "Echevarrieta y Larrinaga", el que en 1927 vio nacer al "Juan Sebastián Elcano", que aún hoy, cien años después, sigue siendo buque escuela de la Armada Española.
De toda esta simbiosis entre la ciudad y el mar han quedado multitud de testimonios tanto materiales: las casas de los Cargadores de Indias con sus torres miradores, los astilleros, los múltiples baluartes, fortificaciones y castillos, el actualmente decrépito Molino de Mareas del Río Arillo ..., como inmateriales: gastronomía, folclore, vocabulario, oficios y profesiones ...
Ahora, a principios del siglo XXI cuando Cádiz languidece sin encontrar aún su rumbo definitivo, el turismo y la cultura se perfilan como una de las fortalezas que aún conserva la ciudad. los forasteros siguen teniendo interés en conocer las singularidades de este lugar que un día fue único y famoso, y acuden - muchas veces en barco a visitarlo para conocer las historias de la Torre Tavira, de la Catedral de las Américas, de las callejuelas de la ciudad del siglo XVIII o de los castillos que flanquean la playa de la Caleta …
La reedición de este pequeño estudio con motivo de la materialización de la línea del meridiano en la ciudad es un paso más en la difusión de esta ingente historia marítima, que ojalá sea el anticipo de la instalación de un museo marítimo, del que la ciudad adolece.